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02 diciembre, 2008

LA HORA DEL RETIRO

El domingo pasado en el autódromo de Buenos Aires, Eduardo Ramos se despidió del automovilismo y del Turismo Carretera. Lalo, de 42 años, vivió un fin de semana muy emotivo y finalmente pudo cumplir con la promesa de dejar las pistas, algo que venía dilatando desde 2006. En la última edición de la revista SóloTC (que ya está en la calle) realicé un informe sobre el momento del retiro de los pilotos, en el que analizo esta difícil situación que debe afrontar cualquier deportista, pero que en el automovilismo muestra aristas particulares. Abajo dejo la columna de opinión que hice como complemento de la nota, y que de alguna manera intenta explicar por qué les cuesta tanto colgar el casco…

VIVIR EL AUTOMOVILISMO
Los pilotos de antes vivían el automovilismo más que del automovilismo. Sentían verdadera pasión por este deporte y despertaba en ellos un sentimiento especial el Turismo Carretera. Cada vez que un auto llegaba a la pista era gracias al sacrificio humano de muchas personas incluyéndolos a ellos, que en su mayoría metían mano en sus propios fierros. Como resultado, los logros tenían otro valor, tanto para los protagonistas como para los hinchas. Y forjaron así un estilo de vida con el que surcaron el país junto a la popular categoría. Toda esa comunión hizo que muchos de los pilotos de la vieja escuela que se nombran en esta nota, se hayan convertido en ídolos indiscutidos del TC. Y, aunque parezca mentira, perder esa condición es lo que más les preocupa. Porque tener que alejarse de la actividad es una situación previsible dentro de la carrera de un deportista. Pero ganar el corazón de la gente no era algo imaginable para ellos en sus inicios y al momento de colgar el casco creen que pueden llegar a perderlo. Mientras hablaba en un autódromo con Luis Minervino sobre el karma del retiro, un grupo de hinchas interrumpió para sacarse una foto con él. En ese momento, luego de intentar minutos antes explicarme de diferentes formas por qué le resultaba difícil dejar de correr, simplificó la sensación señalando la escena y afirmando: “Por esto cuesta bajarse, ¿entendés?”.